miércoles, 7 de diciembre de 2016

'El señor de la casa Coombe' de Frances Hodgson Burnett

Seguro que a muchos de los que estáis leyendo esta reseña me comprenderéis bien cuando os confiese que desde que Alba sacó su colección Rara Avis tengo una adicción incontrolable a ella. Y es que no podría ser de otra manera porque me está descubriendo libros fantásticos. El último de ellos es el que os traigo hoy. ¡Vamos a por él!

En esta historia vamos a conocer la vida de Robin, una niña a la que su madre más preocupada en disfrutar de una vida superficial y llena de diversiones, ignora y no le ofrece ni la más mínima muestra de cariño. 

"Y entonces nació Robin: una intrusa y una calamidad, por descontado".

Estos inicios no son muy prometedores y poco a poco veremos cómo marcan el devenir de Robin y su futuro, en el que también estará muy presente el enigmático señor de la casa Coombe.

Esta novela me atrapó desde el primer momento: la forma de narrar, las descripciones, la ambientación... Comenzamos conociendo a una mujer hermosa, un poco frívola que se prepara para el matrimonio y poco a poco tenemos ante los ojos a un personaje absolutamente detestable. La madre de Robin es cruel, egoísta, egocéntrica y esa personalidad contribuye a que la historia sea tan tierna y emotiva, porque no es una mala sobreactuada ni exagerada: es más sutil, pero igualmente odiosa. 

Helen Allingham
La autora logra sin tirar de sentimentalismos fáciles ni lacrimógenos que nos sintamos muy cercanos al personaje de Robin desde el principio. No es solo la sensibilidad de ver a un niño desvalido, sino que se centra en ciertas cosas que llegan de verdad  y hacen que cuando va creciendo entendamos mejor muchas de sus actitudes ante determinadas situaciones que irán sucediendo.

Y es que, en muchos sentidos, los lectores vamos a tener más información que la propia Robin sobre lo que sucede en su entorno, porque esta historia también va a tener su dosis de intriga y, sobre todo, muchos malentendidos. No todo es lo que parece a simple vista y menos a los ojos de Robin.

"Hablar es siempre lo más peligroso. Solo el silencio acumulado de los años sepultará cosas que son insoportables. Es preciso acallar hasta el pensamiento".

Pero no por eso estamos ante una novela con idas y venidas sin parar y misterios a cada paso, ese no es el recurso que usa la autora para fundamentar, y qué bien lo hace, su historia. Su punto fuerte es la sencillez para contar la vida de Robin, los detalles que van construyendo la historia aunque pueda parecer sin importancia, los personajes íntegros que también los hay (la niñera e institutriz te Robin te hacen seguir creyendo en la bondad humana), también alguna sorpresa...

Norregaard
Y sobrevolándolo todo está el señor Coombe. Es un personaje con claroscuros que no deja indiferente y además de todas las claves que su presencia aporta a la vida de Robin, de él también son diálogos muy interesantes sobre la situación que vive Europa, a punto de verse inmersa en la Primera Guerra Mundial. 

Este ha sido el segundo libro que leo de Frances Hodgson Burnett, después de La formación de una marquesa, y lo he disfrutado muchísimo. Tanto que ¡necesito ya la segunda parte! Nos deja en todo lo alto con la guerra ya a las puertas, un encuentro muy esperado... Así que desde aquí hago llamamiento de SOS para que la publiquen y que no tarden mucho, ya por pedir...

Pero, manteniendo la curiosidad a raya, merece mucho la pena sumergirse en esta novela tan bien escrita y empezar a conocer a Robin y todo a lo que va a tener que enfrentarse. No os va a defraudar, prometido. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

'Charles Dickens' de Claire Tomalin

"Veía el mundo con mayor intensidad que otros [...] Era capaz de hacer reír y llorar, y despertar indignación, su deseo era divertir a los demás y mejorar el mundo". 

Así era, entre otras muchas cosas, el incomparable Charles Dickens. Una cita que me gusta especialmente porque él logró este propósito en vida y luego ha sido su legado, sin importar el paso del tiempo, el que ha continuado haciéndolo. 

Para mí leer una novela de Dickens provoca todo ese mix de emociones. Es una de mis absolutas debilidades literarias (que comparto y fomento con mi súper Magrat) y cada vez que me sumerjo en una de sus historias tengo una sensación, como de vuelta al refugio lector, muy especial. Por eso me interesaba tanto su biografía, un género que no frecuento mucho pero que Claire Tomalin hace que sea muy entretenido e interesante. 

No solo te cuenta datos y más datos, sino que te da una visión más amplia de la persona que te hace entender muchos de su rasgos, te descubre cantidad de cosas nuevas y puntos de vista diferentes y lo hace con una forma de narrar que te engancha como una novela. Además no es nada condescendiente o indulgente, no se queda solo en el mito sino que nos muestra sus debilidades como hombre y como escritor. A veces, os confieso, que me veía a mí misma defendiéndolo.

Era asombroso su ingenio y capacidad de buscarse la vida, reinventarse y salir adelante. Y no lo tuvo fácil, parte de su infancia la pasó trabajando en una fábrica de betún y nunca llevó con resignación el hecho de no haber podido estudiar cuando está claro que tenía grandes actitudes para ello.

Tomalin nos acerca a un hombre absolutamente carismático que dejaba un recuerdo imborrable en todos los que le conocían. Vitalista, caminante empedernido, incansable, activo al máximo... Me lo he imaginado con una personalidad arrolladora, incluso a veces demasiado, que siempre estaba ideando y, sobre todo, escribiendo. Tenía un ritmo de escritura impresionante, muchas veces apurado por la gran necesidad de ingresos que tenía, pero también porque su imaginación era desbordante. 

Hay muchas curiosidades en cuanto a la creación de sus obras (cuidado con los spoilers que alguno que otro aparece) o su lucha por los derechos de autor, por ejemplo. Pero algo que me ha llamado siempre la atención son sus lecturas públicas. Dickens ya era una auténtica estrella en su momento y vio el potencial que tenía este tipo de acercamiento a sus lectores. Algo que se veía indigno en aquel entonces porque tenía un cariz de lector a sueldo.

Para él, el afecto de su público era el mejor bálsamo y ayuda en las malas etapas, le daba fuerza, y ¡lo que a mí me hubiese gustado haber asistido a una de esas lecturas!

"Nunca eran pasajes extraídos de los libros sin más, sino textos adaptados con minuciosidad para poder encarnar a sus personajes preferidos y ofrecer momentos notables del relato".

No se limitaba por tanto a leer sin más, que ya hubiese sido un honor verlo en directo, sino que dramatizaba y ponía toda su pasión es escenificar sus propias palabras.

"El público reía cuando él quería que riera, se estremecía y lloraba cuando él quería que se estremeciese o llorase. Las lecturas lo dejaban eufórico, además de agotado".

Ilustración de su casa natal en
Portsmouth- Amanda White
Y como todos los seres humanos, y quizás sobre todo los genios, era un hombre profundamente contradictorio, principalmente en su vida privada. Probablemente quien más sufrió esta disparidad fue su mujer.

En su relación con ella se ve al Dickens más injusto, reprochándole aspectos de su personalidad que un primer momento le habían hecho precisamente enamorarse y desear que fuera su esposa. Su proceso de separación fue también humillante y cruel para una mujer que había vivido por y para su marido y que tuvo que hacer frente a una ruptura muy pública.

Con sus hijos tuvo también una relación de altibajos. Pero hay un recuerdo con su hijo Henry que a mí me parece maravilloso y que demuestra lo especial que era.

"Su padre le enseñó taquigrafía aunque sin mucho éxito porque los dictados que improvisaba para él eran tan descabellados que se reían a carcajadas".

Así contado para que el concepto amor le quedaba muy lejano, pero no creo que fuese así totalmente. Pienso que su pasión y vocación le hacían a veces concentrarse demasiado en sí mismo, olvidando las necesidades de los otros y siendo sí, egoísta; pero, al mismo tiempo, era capaz de dar sin esperar nada a cambio, de endeudarse por ayudar a otros o apoyar aquello que consideraba de justicia.

Así fundó un asilo para mujer mujeres y niñas prostitutas a las que escribía incluso una carta asegurándoles que iban a tener la opción de cambiar de vida y siempre desde el cariño y sin reproches, algo que no siempre sucedía. Alguien que es capaz de esa muestra de solidaridad debe de tener algo bueno en el corazón.

La clave puede estar en estas palabras que le dijo nada más y nada menos a Dostoyevski. El escritor ruso pensaba que un autor se mira a sí mismo para reflejar las emociones de sus personajes y Dickens opinaba lo mismo, confesándole que había dos personas en él:

"Uno que siente lo que debería sentir y otra que siente lo contrario. De la que siente lo contrario saco los personajes malvados, con la que siente lo que un hombre debe sentir intento vivir mi vida".

¿Quién no ha tenido esas sensaciones en su día a día sin necesidad de reflexionar mucho sobre ello o tener que volcarlo en un personaje de ficción?

No me resisto a contaros que en su biografía además hay cabida para personajes muy interesantes como es el caso de mi adorado Wilkie Collins, con un rasgo muy particular que no me esperaba para nada.

"Podía presentarse con un traje de pelo de camello, una camisa de rayas anchas de color rosa y una corbata roja".

A mí, con el lío tan grave que tengo a la hora de combinar colores y prendas, nada más leer estas líneas me vino la imagen a la cabeza y me conquistó por completo.

Creo que en la reseña he demostrado mi pasión por Charles Dickens y por esta gran biografía, pero os la recomiendo una vez más, sobre todo si sois fans del autor, aunque no solo. Os sumergiréis en la vida de un auténtico genio y en cómo era capaz de crear ese maravilloso universo propio y también a un hombre con muchos claroscuros, complicado y brillante.

sábado, 12 de noviembre de 2016

'Hombres buenos' de Arturo Pérez-Reverte

A pesar de que me gusta mucho cómo escribe Arturo Pérez-Reverte hacía ya bastante tiempo que no me ponía con un libro suyo y Hombres buenos ha sido un muy feliz reencuentro. Quizás ha influido también que aquí la trama vuelve a girar en torno a los libros, como mi novela favorita suya El club Dumas, pero esta novela tiene otros muchos detalles que hacen que merezca realmente la pena.

A finales del siglo XVIII dos miembros de la Real Academia Española se embarcan en un viaje a París para lograr traer la Encyclopédie de D'Alembert y Diderot que por aquel entonces estaba prohibida en España. No sospechan que habrá personas muy interesadas en que no logren su propósito...

Una de las mejores cosas de esta novela son los personajes. Aquellos con intenciones poco honorables son muy interesantes. Nos dan otra perspectiva de las cosas: el porqué se oponían a traer aquella fuente de conocimiento a España cada uno con razones muy diferentes, pero que nos muestran las dos caras de la misma moneda.

Y por otro lado, los hombres buenos son fantásticos. Por un lado, don Pedro Zárate, un marino racional y escéptico respecto a según que cosas y don Hermógenes Molina, bibliotecario, bonachón en el que conviven razón y religión. Me gustan los dos, pero sin duda don Hermes me ha llegado al corazón.

Jean Francois de Troy
Ambos son hombres de honor, íntegros y honestos. Es una gozada leer sus diálogos y ver cómo intercambian opiniones, hablan sobre la situación de España, sobre la cultura, el marino escandaliza al bueno del bibliotecario... Y a poco van haciéndose amigos porque comparten ante todo su pasión por el conocimiento.

"Nadie puede ser sabio sin haber leído por lo menos una hora al día, sin tener biblioteca por modesta que sea, sin maestros a los que respetar, sin ser lo bastante humilde para formular preguntas y atender con provecho a las respuestas..."


La ambientación no se queda tampoco atrás. Entramos de lleno en un París anterior a la Revolución Francesa con los cafés, los salones, las tertulias, con esa forma de expresarse mucho más pícara... y el abate Bringas, un tipo inclasificable que da unas líneas de diez.

Las descripciones son estupendas, me gusta especialmente una de un día lluvioso o la primera vez que ven la Encyclopédie. Sientes su misma emoción ante esos libros tan anhelados que recogen todo el saber del época.

"Sus nítidos caracteres, la belleza de encuadernación, la blancura magnífica de la páginas impresas con amplios márgenes en buen papel de hilo, el que ni envejece ni se hace quebradizo ni amarillea, resistente al tiempo y al olvido. El que hace a los hombres más sabios, más justos y más libres."


Además en Hombres buenos nos sentimos también partícipes de la creación de la novela porque el autor nos va contando todo el proceso. Dónde surge la idea, el laborioso trabajo de documentación buscando los lugares por las que hacer transcurrir la historia, la consulta de textos y mapas de la época...

Nicolas Jean Baptiste Raguenet
No deja nada al azar ni una calle, ni un café, ni una posada... todo está perfectamente documentado. Y en esa parte de la novela es cuando dice una idea que a mí me encanta poner en práctica cuando viajo y que me hace ver con especial ilusión ciertos sitios (seguro que a muchos os sucede lo mismo).

"Hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros y proyectar en ellos, enriqueciéndolos con esa memoria lectora [...] Ciudades, hoteles, paisajes, adquieren un carácter singular cuando alguien se acerca a ellos con lecturas previas en la cabeza."

Hombres buenos es un libro fascinante que está hecho para todos los apasionados de la literatura, los libros y el conocimiento en el amplio sentido de la palabra. De ese interés por seguir aprendiendo, formándose para poder así tener criterio y por no perder nunca esa curiosidad por conocer cosas nuevas que sin duda nos hace disfrutar mucho más de todo lo que nos ofrece el mundo.

"Una biblioteca no es algo por leer, sino una compañía, un remedio y un consuelo."

miércoles, 2 de noviembre de 2016

'El castillo de los Cárpatos' de Jules Verne

Ilustraciones-Léon Benett
Estos días pasados llenos de fantasmas, calabazas terroríficas... invitaban a dejarse llevar por una lectura que diese, como mínimo, un poco de repelús y como tenía desde hace tiempo fichada esta novela de Verne pensé que era el momento perfecto para ponerme con ella.

En un remoto pueblo de Transilvania se cuentan y escuchan multitud de leyendas, muchas de ellas tienen que ver la fortaleza de los Cárpatos y quienes la habitaban o habitan... Los misterios que se esconden en ella traerán de cabeza a los habitantes del pueblo, pero también a un joven conde que se verá atraído por el castillo debido a tristes sucesos de su vida.

Desde las primeras páginas, el autor logra trasladarte a esa aislada región: el difícil acceso, el clima, un pueblo con poca gente... y en el horizonte esa inquietante fortaleza... que no hace más que aumentar las fábulas en un lugar ya de por sí lleno de ellas y de supersticiones. ¿Cómo no vamos a sugestionarnos y pensar que todo puede ocurrir?

En ese punto se encuentran los habitantes de Werst. Desde los más valientes, hasta los más crédulos o los que solo se envalentonan viendo las cosas desde la distancia. Las circunstancias les van a enfrentar con lo desconocido y ahí que vamos nosotros con ellos... ¡y disfrutándolo muchísimo!

Y es que la forma de narrar de Verme me ha encantado. Os hablaba antes de ese ambiente tan propicio que consigue crear, pero es que además, cuando ya te tiene allí situado, hace unas descripciones muy vívidas de lo que se van encontrando o sintiendo en cada momento los diferentes personajes, sobre todo en los momentos más álgidos.

Sin desvelar nada, (no, no, no), me gustó especialmente el primer acercamiento de dos personajes al castillo o un momento clave en la historia paralela del joven conde que llega al pueblo. Y es que ese es otro aspecto muy de valorar, su capacidad para hacer que las tramas que explican cómo se ha llegado a cierto momento son muy interesantes. Pueden parecer secundarias, pero no lo son en absoluto.


Tiene además una imaginación desbordante que hace que muchas veces se haya hablado de lo visionario que era, adelantándose a inventos que luego se hicieron realidad. De hecho en la contraportada de la edición de Alba, se comenta que, según algunas opiniones, en este libro se "prefigura la invención del holograma".

Me ha sorprendido también el sentido del humor del señor Verne. No me lo imaginaba así en absoluto, pero pone en boca de sus personajes o del narrador comentarios muy simpáticos e irónicos. En este caso, aprovechando también para hacer una crítica de ciertas creencias que no ayudaban a la población a avanzar.

Pero no puedo contaros más para no estropearos el suspense de esta buena historia. Tendréis que descubrir por vosotros mismos qué se esconde en la fortaleza de los Cárpatos y si os lo creéis o no...

jueves, 27 de octubre de 2016

'Enterrado en vida' de Arnold Bennett

"Hay verdades tan extrañas y estrafalarias que uno se siente ridículo y culpable antes de comenzar a decirlas."

¿Quién no se ha sentido alguna vez así? Pues lo mismo le sucede a Priam Farll, un afamado, a la par que timidísmo, pintor inglés. Cuando su criado muere, una serie de errores hacen que el doctor que debe certificar la muerte piense que el fallecido es el mismo Priam. Incapaz de solucionar el embrollo y con una nueva identidad, nuestro protagonista deberá iniciar una nueva vida llena de sorpresas.

Nada más leer la sinopsis de este libro me lo llevé conmigo sin dudar porque me apetecía mucho embarcarme en una historia de enredos que me hiciera reír. Y fue justo lo que encontré. Enterrado en vida tiene un humor muy ingenioso con un sarcasmo y una ironía que a mí me encantan.

"Lo compró un domingo en que estaba... no se podía decir que borracho, pero más optimista de lo que se suele considerar correcto en la sociedad británica."

Además Bennett se aprovecha de la extrema timidez de Priam para meterle en todos los apuros del mundo y consigue describir muy bien los achuchones que esto le produce, haciendo que sus vicisitudes sean muy graciosas de leer. 

Turner
Hay momentos que me han parecido geniales. Como por ejemplo cuando Priam es espectador su propio y fastuoso entierro en la Abadía de Westminster. Es como esa idea, que yo creo que todos hemos tenido alguna vez, de poder observar como si fuésemos invisibles cómo nos ven los demás, pero a lo muy grande.

El autor recrea de un modo súper gracioso todos los sentimientos contradictorios de Priam: indignación, orgullo, enfado con el mundo y consigo mismo. Todo eso aderezado con el escándalo que lía cuando quería pasar lo más desapercibido posible. 

Pero no solo de Priam vive esta historia. Hay un personaje muy importante que incluso le roba protagonismo y es Alice. Una mujer práctica, sin pájaros en la cabeza, que es justo lo que necesita Priam. Es una pareja que da momentos buenísimos.

Por otro lado, el sentido del humor que comentaba que tiene este libro no es nada superficial, al contrario tiene mucho de crítica social y que bien podíamos aplicar a nuestra época.

Miguel Jadraque Sánchez
Ese magnífico entierro se hace a un pintor que hasta el momento no había sido en absoluto profeta en su tierra, pero su muerte da el pistoletazo de salida a una especie de competición por demostrar quién lo valoraba más y provoca que afloren los homenajes y las buenas palabras vacías.

En ese sentido de crítica, también hay una parte de la trama, que me ha recordado por ciertos detalles a Dickens, en la que se desarrolla un juicio lleno de absurdeces y tecnicismos ridículos.

Otro punto a favor de este libro tiene más que ver con la cuidada edición de Impedimenta y es el postfacio de José C. Vales (cada vez que su nombre aparece como traductor o responsable de una edición, miro el libro con especial atención). Merece mucho la pena leerlo porque descubre cosas muy interesantes. Así que solo puedo decir que Enterrado en vida me ha traído un buen argumento, bien contado y con buenos comentarios... ¡pleno total!

jueves, 20 de octubre de 2016

'La muerte del corazón' de Elizabeth Bowen

Hacía tiempo que quería leer algo de Elizabeth Bowen y revolviendo en la biblioteca elegí La muerte del corazón. Es un libro que me ha resultado extraño por momentos, me ha provocado sensaciones difícil de transmitir y que, sobre todo, he disfrutado muchísimo. Esta autora tiene algo especial en su forma de escribir que te hace implicarte en lo que se cuenta y que te sugiera muchas cosas.

Esta es la historia de Portia, una chica de 16 años, que se queda huérfana y va a vivir con su hermano por parte de padre y la mujer de este. Una pareja con una vida acomodada, pero en la que las emociones brillan por su ausencia. A partir de ese momento veremos cómo Portia se desenvuelve con su nueva familia y rutina.

"En su vida hogareña (en su nueva vida hogareña), tan llena de enigmas, era testigo del constante disimulo de la gente y se preguntaba no sin candor, por qué razón todo el mundo afirmaba cosas que en el fondo no pensaban, mientras que callaban lo que pensaban realmente."

Así de extraña se siente Portia perdida en este mundo que le ha tocado en suerte y en el que muchas veces se la trata como un estorbo o da la impresión de que ella debe pagar los errores que otros han cometido. Transmite una soledad y una melancolía que hasta se palpa. Y no es que Portia sea un personaje fácil, pero al menos sus equivocaciones, sus decisiones o sus actitudes a veces chocantes o incomprensibles la hacen un personaje más cercano.

"Para las personas que viven de ilusiones, enfrentarse a su concreción equivale a tener que pasar una dura prueba."

Paul Gustave Fischer
Portia tiene una espontaneidad que le falta al resto, siempre más pendientes de mantener su estatus y su fachada. De hecho cuando empecé a hacer la reseña de este libro me dio por pensar que su título, la muerte del corazón, hace referencia justamente al modo de relacionarse de estos personajes que ya se han olvidado de sentir de verdad, tan preocupados como están por fingir y que hacen de sí mismos y de sus propios intereses el centro del mundo. Creo firmemente que no hay nada peor para el corazón que el egoísmo.

Clarence Frederik Underwood
"Si uno se pusiera a pensar en lo que sienten los demás, uno se volvería loco. No en conveniente pensar en lo que sienten las otras personas."

Así piensa Anna, la cuñada de Portia, y es fiel reflejo del pensamiento de su círculo más próximo. Pero serán precisamente ellos, juntos con otros personajes que encontrará en el camino, los que con su modo de actuar irán haciendo que, por un lado, Portia reaccione y comience a entender lo que quiere y lo que ocurre y que, por otro, compruebe que hay otras maneras de relacionarse.

"Nuestras lealtades y nuestros sentimientos- por llamarlos de algún modo- son tan instintivos que uno apenas sabe que existen: solo cuando los traicionamos comprendemos su importancia."

En ese sentido es vital Matchett, el ama de llaves de la familia, donde ella encuentra verdadero afecto y claves sobre el pasado que tanto parece pesar en su presente.

Adolph Von Menzel
Este es un libro muy pausado, muy centrado en la psicología de los personajes y que hay que leer dándose tiempo para disfrutar de todas las reflexiones que nos presenta. No es un libro fácil tampoco y puede que algunos lectores lo consideren demasiado lento o les cueste conectar con los personajes, pero creo que esos son los recursos que la autora emplea para transmitirnos ese desamparo del que hablaba al principio.

Y al mismo tiempo el modo de escribir de Elizabeth Bowen te atrapa. En mi caso siempre leo más de un libro a la vez y cuando por la noche escogía uno u otro, me sorprendía a mí misma decatándome por La muerte del corazón en vez de a lo mejor una lectura más ligera. Me apetecía mucho descubrir qué más ideas y sensaciones podía revelarme.

Merece mucho la pena dedicarle tiempo a esta autora, porque tiene muchas cosas que decirnos, seguro que a cada uno diferentes pero siempre interesantes. Así que pienso seguir investigando más obras suyas y, por supuesto, os mantendré informados. ;) 

miércoles, 12 de octubre de 2016

'Mujeres excelentes' de Barbara Pym

Muchas veces hemos hablado de esos libros que cuando los terminas te dejan tal poso que resulta difícil incluso ponerte con otra lectura. Sin lugar a dudas para mí uno de ellos es Mujeres excelentes, una novela que te da mucha pena que se acabe y que cuando llegas a ese fin lo haces irremediablemente conquistado por Mildred y su historia.

La descubrí de casualidad por un artículo en el periódico hace ya bastantes años y saqué el libro de la biblioteca. Era una edición casi imposible de encontrar para comprar, así que cuando vi que Gatopardo la había editado ni me lo pensé y allá que fui a por ella. ¡Cómo he disfrutado con su relectura!

Nuestra protagonista es una mujer de treinta y pocos años que vive en el Londres de postguerra. Tiene una vida tranquila y es amable y generosa, siempre pensando más en los demás que en sí misma. La llegada de unos nuevos vecinos la llevará a verse inmersa en nuevas tramas que darán un vuelco a su, hasta entonces, apacible vida.

Este libro habla de la vida cotidiana, así de simple y a la vez tan complicado el hacer de esa sencillez un argumento muy interesante y muy ameno. Conocemos el día a día de Mildred, una mujer normal que debe sacar adelante su día a día con sus obligaciones, inquietudes y pequeñas satisfacciones.

Y aunque ella piense que es mediocre. todos los que la vemos desde fuera sabemos que no es así. Es fuerte, desprendida, leal, hace calladamente lo que le toca y lo que no, mientras los que más se hacen ver no son ni la mitad de útiles que ella y tiene un sentido del humor absolutamente genial.

Vuillard

Me gusta especialmente su sarcasmo ante las situaciones que se le van presentando. Una ironía que a veces usa como una defensa y se convierta a ella misma en el blanco de sus propios comentarios.

"Me figuro que no quise que me recordara como a una persona que siempre servía tazas de té en los momentos de crisis."

Al mismo tiempo es romántica y soñadora, pero también sabe reivindicar su independencia. Piensa que es torpe para relacionarse con los demás, pero se convierte en el confidente de muchos de los que la rodean y entiende los sentimientos con una clarividencia increíble, sin tapujos y sin autojustificaciones.

"Quizá sea mejor ser infeliz que no sentir nada en absoluto."


Además a su alrededor hay secundarios que ponen a nuestra protagonista en bretes que la hacen aún más cercana si es posible y en muchas ocasiones te hacen reír sí o sí: el matrimonio Napier, la madre de Everard Bone, uno de sus nuevos conocidos, que sale muy poco pero es memorable; el vicario de su parroquia y su hermana, otras feligresas...

Unas fantásticas mujeres excelentes ;)
Des Brophy
Todo escrito de un modo que parece que Mildred nos está contando su historia a cada uno de nosotros, de un modo muy franco, honesto y sin pretensiones. Ese es precisamente su mayor valor y todo, como os decía al inicio, con un sentido del humo y una ironía que hacen que tenga siempre ganas de volver a las vivencias de la protagonista y estarías leyéndolas páginas y páginas.

Como veis soy fan declarada de Mildred y es que me parece que Barbara Pym describe a un personaje muy real al que es imposible no cogerle cariño y sentirse identificado con muchas de las cosas que le suceden, con sus reacciones.

Mérito absoluto de Barbara Pym que fue capaz de darle a Mujeres excelentes esa magia literaria que lo convierte en un libro muy muy especial. Os lo recomiendo muchísimo y estoy segura de que si ya habéis descubierto esta gran historia os habrá conquistado de la misma manera que a mí, ¿verdad?